NUEVAS FORMAS Revolución de octubre.



NUEVAS FORMAS DE VIOLENCIA


“La decapitación en la sociedad de la soberanía, la deformación en la sociedad disciplinaria, y la depresión en la sociedad del rendimiento son estadios de la transformación topológica de la violencia”.

Byung-Chul Han


Sobre todo en esta era digital, donde casi todo es “virtualmente” posible, la violencia se direcciona hacia el sujeto mismo. La dependencia en relación a las redes es cada vez mayor en todo sentido, y a través de ella configuramos un diario vivir que nos presenta una libertad más bien ilusoria. Se puede trabajar de manera virtual desde cualquier parte, las plataformas han creado una serie de servicios que dan puestos de trabajo a unos, y quitan el espacio laboral a otros. La conexión es integral, estamos subordinados a la inteligencia artificial y el Big Data; pero a pesar de ello, de forma y manera variada, subyace una presión cada vez más psíquica, que desde el exterior, se ha trasladado al epicentro mismo de cada individuo. En las sociedades ternarias: nobleza, clero, y pueblo llano (Thomas Piketty “Capital e Ideología”), la violencia era física, a través del filo de la espada, en plena revolución francesa, nacimiento de la república, el filo se traslada a la guillotina, y en la sociedad moderna, sobre todo < tardo moderna >, se ejerce al interior de cada uno. Pero hay algo que subyace en los siglos: las cúpulas económicas con posibilidad de incidir en el desarrollo de una considerable masa de personas. Es así como las doctrinas económicas han construido la plataforma de los gobiernos. Actualmente todo está centralizado en sistemas virtuales que ejercen dominio y presión tan invisibles como permanentes, a manera de ejemplo, la proliferación de tarjetas de crédito con capitales tan impersonales como ficticios que condicionan un destino facturado antemano. En esta era propietarista (Thomas Piketty), las grandes propiedades, como a través de los siglos, pertenecen a una elite que maneja y administra inclusive parte de los bienes comunes, mientras tanto la mayoría de la población, desbordada por deudas y falta de metálico, debe hacer frente, sin opción, a una asistencia precaria en la salud, lo mismo que en la educación, y pensiones que denigran la vejez hasta destruir el espíritu de la palabra jubilación (Júbilo).


VIOLENCIA ARTESANAL, REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.


Plaza Dignidad: se ve en las redes sociales a un joven encolerizado que grita a un policía cara a cara en medio del estallido social. Habla de su padre, que tiene alguna minusvalía, mientras el agente de fuerzas especiales lo observa inmóvil. La secuencia se hace viral, tornándose potente mensaje del enfrentamiento desatado. En la era digital, de intervenciones quirúrgicas robóticas a distancia, y muertes múltiples ocasionadas por drones manejados hasta desde otro continente, una primera línea de jóvenes hace frente y desafía con piedra, palos, hondas, y bombas Molotov a las fuerzas del orden público. ¿Cómo es posible la duración en el tiempo de una batalla tan desigual, si con solo presionar un botón de exterminio, los combatientes de este levantamiento artesanal sería diezmados?... < La legitimación de las ideologías >, al parecer allí está la respuesta.

En el contexto actual, donde por años la utilización de la violencia psíquica ha rendido frutos económicos, un acto de devastación echaría por tierra la ya frágil validez de un sustento ideológico ultra liberal en al cual se gestó una clase política fruto de la dictadura. Y el obstáculo del exterminio es la defensa de esa mentira que intentaron vender y finalmente les explotó bajo las narices. A partir de la “Desobediencia civil” (Henry David Thoreau), y debido a enfrentamientos al límite, esos mismos políticos que se oponían al menor desliz que afectase sus posturas referentes a economía social y de libre mercado, ceden, pero ceden entrampando reformas con una letra chica que les permita conservar la génesis de su doctrina. Hoy, forzados, y de eso no cabe ninguna duda, hablan de igualdad, reivindicando posturas que rechazaban de plano. La lucha está planteada, un intrincado terreno poblado de ideólogos disputan ese espacio que permitiría dilucidar la proyección de una sociedad con mayor equidad, alejada del engaño. Pero el botón de pánico está allí, y no se sabe a ciencia cierta si en determinado momento, desesperación mediante, alguien lo apretará para mitigar el incendio y esperar con mayor margen de tiempo la siguiente llamarada.

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